Un paseo por Narbonne, en Languedoc-Rosellón

Narbona cultiva un perfil bajo. Cuando te planteas un viaje por el sur de Francia, surgen varios nombres con mas cartel, pero cuando llegas a ella te sorprende. Al menos a mí me sorprendió encontrar una ciudad pequeña y con tanto por ver.

Con apenas 60.000 habitantes, esta pequeña ciudad lo tiene todo: una larguísima historia que se proyecta hasta los romanos (y más allá), un estilo de vida moderno en un entorno medieval encantador, un ritmo apacible, sitios Patrimonio de la Humanidad, un estupendo mercado donde disfrutar de su cocina y una estupenda accesibilidad.

 

Reconozco que tenía escasas expectativas al llegar a Narbona. Iba de paso. Y me quedé. Me atraparon esas cualidades que os comentaba recién con una exacta combinación entre historia y modernidad, un muy buen equilibrio entre naturaleza y ciudad en una escala muy amigable.

 

Voy a dejaros aquí mis recomendaciones para visitar Narbona, siguiendo los lugares que me sorpendieron mas y que me hicieron sentir gratamente acogida. Experiencias que son sólo el preámbulo de una segunda visita asegurada, porque Narbona tienta a volver.


 

Historia y arquitectura en las calles de Narbona

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Narbona tiene raíces romanas. Allá por el siglo II antes de Cristo, los romanos iban y venían desde la Hispania romana  a Roma por la Vía Domitia que atravesaba los Pirineos, seguía junto al Mediterráneo y cruzaba los Alpes hacia la capital del imperio.

 

En territorio galo, se funda por entonces junto a esta vía la Colonia Narbo Martius, la primer colonia fuera de territorio de la actual Italia. De aquel nombre se deriva el actual: Narbonne o Narbona, en español. Aún hoy, en la plaza frente al imponente Ayuntamiento de Narbona, puedes ver un trozo de aquella vía romana de grandes lozas de piedra.

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Durante la Edad Media, Narbona vive  un periodo de esplendor bajo el gobierno del Arzopispado y mas tarde de los Vizcondes. De aquellos siglos nos quedan aun hoy estupendos sitios que podemos visitar hoy en día.

 

La arquitectura medieval nos envuelve desde el momento mismo en que cruzamos la Puerta del Ancla, junto al Ayuntamiento, y que es una de las antiguas puertas de la ciudad (la del camino que dirigía al mar).

 

El Palacio de los Arzobispos es de obligada visita. Una vez traspasado el arco, a ambos lados de esa calle angosta y empedrada, encontrarás los dos edificios del complejo: el Palacio Antiguo, de los siglos X,XI y XII y la Torre de Magdalena, a derecha. Y el Palacio Nuevo de los siglos XII y XIV, junto con la Torre de Gilles Aycelin, a izquierda. Se puede subir a ambas torres y desde allí tener unas hermosas vistas del centro de Narbona, el canal y la comarca.

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El Palacio Nuevo es donde hoy en día funciona el Ayuntamiento, cuya hermosa fachada que combina elementos de finales del Románico y principios del Renacimiento, se abre a la plaza central de la ciudad.

 

En el complejo del Palacio de los Arzobispos se ubica el Museo Arqueológico, abierto en 1833,  con interesantes piezas de la ápoca romana y visigoda. Encontramos aquí la capilla de Magdalena, la de San Marcial o el Consistorio que conservan las pinturas originales de esta parte del Palacio Viejo.

 

El paseo por las calles medievales nos lleva hasta la Catedral de San Justo y San Pastor. Se accede por un pequeño arco para llegar al Claustro de este templo, cuyo exterior se muestra elegante y majestuoso, con sus arbotantes y contrafuertes que le dan una robustez impresionante.

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El interior de la Catedral, una de las mas altas de Francia, asombra con su bello coro gótico y sus obras de arte. Puede recorrerse con visitas guiadas que hacen descubrir muchos de sus tesosos. Tan monumental es el templo que es muy difícil verlo completo desde las calles del centro histórico de Narbona.

 

Si sales por la salida lateral, por la calle Gauthier, podrás recorrer las callecitas del centro histórico donde encontrarás bellos ejemplos de arquitectura del siglo XIX, de la época en que Narbona gana prosperidad gracias a los viñedos que se van extendiendo en su comarca y a la llegada del ferrocarril para poder transportar las cada vez mas abundandtes cosechas y producción vinícola.

 

Muy cerca de allí, está también el Museo Horreum Romanum, un antiguo depósito de aceite y vino en cavas subterráneas que pueden visitarse en el 7 de la rue Rouget-de-Lisle.

 

Y por estas calles llegamos hacia el Puente de los Comerciantes, uno de los poco puentes habitados de Europa y don una larga historia comercial sobre esta vía que unía el centro aristocrático de la ciudad con el burg o barrio popular del otro lado del canal.

 

Cuando en el siglo XVII el Canal du Midi demuestra sus ventajas para transportar bienes y personas desde el Canal de la Mancha al corazón francés, se construye el Canal de la Robine desde el río Aude hasta el Mediterráneo para unir de esta forma ambos mares. Este canal utiliza en parte el cauce que ya usaban aquellos romanos para navegar esta parte del sur de Francia.

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El Canal de la Robine, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, atraviesa la ciudad de Narbona y se constituye en un eje principal para la visita de la ciudad. A lo largo del canal se extiende un paseo urbano que pasa literlamente por el mismísimo centro de la ciudad.

 

A un lado y otro del canal se extienden parques, una hermosa alameda y un paseo por la ribera del canal que ofree espacios abiertos en pleno centro para diversas actividades. Es un punto de reunión para grandes y jóvenes, un gran patio de juegos para las familias con niños, un museo al aire libre con las esculturas que decoran las riberas.

 

Es también una oportunidad de realizar una visita distinta: se pueden alquilar pequeñas barcas para remar por el canal atravesando los varios puentes que lo cruzan, también realizar una visita fluvial para conocer Narbona desde otro punto de vista, y hasta disfrutar una cena a bordo mientras la ciudad va encendiendo sus luces al anochecer.

Despedida con los sabores de Narbona

Y caminando por la ribera del canal llegamos a un lugar ineludible en cualquier visita a las ciudades que visito: el Mercado de Abastos.  En este caso, el mercado tiene un gran valor arquitectónico también ya que estamos hablando de un hermoso ejemplo de estilo Baltard, típico de finales del siglo XIX cuando se abre Les Halles, como se le conoce en Narbona.

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En los puestos encontrarás todo tipo de productos de la tierra de la comarca de Narbona: frutas y verduras frescas, carnes y pescados, aceite de oliva y embutidos, algunos de los quesos mas ricos de Francia, vinos para todos los bolsillos y exquisitos dulces que te tentarán a sentarte, como hacen los locales, enuna de sus barras frente a un buen plato de ostras y una copa de champagne.

 

 Hay que volver a Narbona.

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