Turismo rural en Pirineos

   
Trataremos de dar un pequeño apunte de esta magnífica cordillera, aún a sabiendas que esta es una misión que excede por los cuatro costados a las posibilidades de este pequeño espacio, que hoy habrá de ser grande para dar cabida a la pincelada de Oriente a Occidente, del Mediterráneo al Cantábrico, de Catalunya al País Vasco, pasando por Aragón y Navarra. 
   
 

Nombrar sus montañas puede parecer detenerse en algo obvio, pero sus alturas están unidas a pasos pirenaicos históricos, a leyendas épicas, a un estilo de vida que todavía hoy el turismo rural pone al alcance de quienes gustan de disfrutarlo. Y lógicamente también están indisociablemente unidas a los deportes de montaña, en su mayoría surgidos de actividades que constituían antiguamente parte de la cotidianeidad de las gentes que poblaban estas tierras altas en las que los inviernos eran crudos, los vientos pueden soplar sin tregua y las aguas bravas marcar las lineas divisorias que sus numerosos ríos dibujan cruzando sus valles. Ríos utilizados antaño para el transporte maderero y que hoy podemos disfrutar sin que ello vaya unido al trabajo laborioso aunque el deporte de aventura no deja de ser “trabajoso”

El Aneto (3407), en el Macizo de la Maladeta, en la parte central de la Cordillera Pirenaica, en la aragonesa provincia de Huesca, es el más alto del Pirineo. En el mismo macizo, el Pico Maldito el Pico de la Maladeta ambos con 3.350 m, el Pico Tempestades (3.290) y el Pico Russell (3205)

En el Macizo del Monte Perdido, están el Monte que le da nombre que tiene 3355 metros y el Pico Marboré con 3328, el Soum de Ramond con 3259 la Punta LLardana y el Pico de Espadas en el Macizo del Posets con 3375 y 3332 respectivamente forman parte también de las mayores alturas pirenaicas.

En todos ellos podemos realizar ascensiones por senderos y escaladas. En algunos hay vías ferratas que suelen tener más en cuenta el desplazamiento horizontal que el vertical aunque a veces ayudan a salvar ciertas paredes que no son accesibles de otro modo.

En las cumbres, lagos y glaciares son un importante objetivo para el turismo de aventura, llegando a cotas que pueden representar un grado de dificultad reservado a los expertos en montañismo paralelamente a otros recorridos de fácil acceso a pesar de su apariencia insalvable.

Los valles, son mucho más susceptibles de ofrecer la posibilidad de un turismo rural más tranquilo si eso es lo que se desea, sin que falten las emociones fuertes pues los barrancos y congostos del Pirineo son verdaderamente impresionantes.

Rutas a caballo y en BTT hacen posible conocer bellos rincones sin esfuerzo alguno y las actividades lúdicas multiaventura están presentes a lao largo de sus más de 400 kilómetros, que también pueden recorrerse a pie, a través principalmente del GR-11 que lo atraviesa de punta a punta.

El Pirineo es un destino en el que adentrarse es un placer inacabable que nunca se agota.

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