La ruta de la locura en Baviera

 

Un viaje de carretera y manta al sur de Baviera es un viaje a la locura, a los sueños carentes de cordura relacionados con un Rey, Luis II, que fue quijotesco en cuanto a la sequedad de la sesera y absolutista en cuanto a sus aspiraciones como monarca. "El Estado soy yo", decía el Rey Sol francés, por el que sentía pura admiración Luis II de Baviera. Y es que en tiempos en los que el absolutismo era ya una quimera hubo quien quiso recrear un medievo idealizado con las óperas de Wagner y las historias de poderosos reyes cuyos excesos les llevaron precisamente a la guillotina en la Revolución francesa.

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Esos cuentos llevaron precisamente a Luis II a aparecer flotando en un lago asesinado por alguno de sus muchos enemigos. Pero antes de tan fatídico final tuvo tiempo de desafiar a la razón y al siglo XIX levantando el castillo de Neuschwanstein, comparable con la imaginería de las fábulas, las hadas y hermosas princesas. De hecho semejante obra arqutiectónica, que esquilmó las arcas bávaras, sirvió de inspiración a Walt Disney para componer el castillo de la Bella Durmiente y ser hoy en día el símbolo de todos los Parques temáticos de Disney en el mundo. La locura siempre tuvo maestro, decía la canción… Y éste fue Luis II de Baviera cuya huella todavía podemos seguir en el Estado de Baviera.

 

¿Queréis conocer los pasos de la ruta de la locura? Un recorrido extraoficial perfecto para hacer en coche:


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FUSSEN

Debería ser considerada la base de esta ruta, puesto que está cerca de prácticamente todos los lugares a visitar. Es una ciudad muy agradable para pasear, con su propio castillo, y en la que se encuentra un buen número de alojamientos.

Su Altstadt (casco viejo) es muy coqueto y lo más recomendable es recorrer la calle Reichenstrasse, que además corresponde a la Via Claudia Augusta, por la que en la época romana se atravesaban los Alpes para unir el río Danubio con el norte de la península itálica.

 

HOHENSCHWANGAU

Hohenschwangau

El castillo de Hohenschwangau es el paso necesario antes de llegar a Neuschwanstein. De estilo neogótico, tiene más de palacio que de castillo, aunque durante la Edad Media lo fuera hasta quedar en ruinas. Maximiniano II, el padre del futuro Rey Luis II de Baviera, restauró el castillo en el primer tercio del siglo XIX para utilizarlo como residencia de verano. Tanto Luis como su hermano pasaron sus estíos de niñez en este lugar profusamente decorado ahora abierto al público, que puede considerarse el preludio de lo que llegaría después. Uno de los objetivos de Luis II era que su nuevo castillo se viera desde la ventana de su habitación de siempre. Y no cabe duda que lo logró.

 

 

NEUSCHWANSTEIN

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A 40 minutos de subida a pie desde Hohenschwangau se encuentra probablemente el castillo más hermoso del mundo. La costosísima obra que refleja los sueños del conocido como Rey loco, es un exceso insuperable que se comprende cuando uno se queda mirando fijamente semejante colección de torreones circulares en el que sólo nos falta entrar a buscar (y despertar) a la Bella durmiente.

Neuschwanstein 1.jpgEl mundo idealizado e irreal de Luis II nos lleva a través de dependencias a cada cual más pintoresca. Un dormitorio gótico, una sala bizantina, el salón de los trovadores e incluso una gruta artificial. El espíritu de Wagner está igualmente implícito en numerosas dependencias. La obsesión del Rey con la obra del músico explica algunos de los porqués de este castillo de cuento de hadas. Lo más triste es que el monarca sólo pudo vivir unos meses antes de que su cadáver fuera encontrado flotando boca abajo en el Lago Stamberg.

La mejor foto de Neuschwanstein conviene tomarla desde el apartado puente de nombre Marienbrücke, cerrado al paso durante el invierno pero al que es tan fácil acceder como superar un muro que no va más allá de nuestras rodillas. Merece la pena saltarse las normas por una vez.

 

SCHWANGAU

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Aldea muy cercana a los castillos de Luis II. Son pocos kilómetros los que separan a ambos pero posee toda la tranquilidad y serenidad que falta en Neuschwanstein. Aquí apenas llegan los turistas, que se suelen perder un entorno bucólico como pocos en el Estado de Baviera. No es un pueblo monumental, pero conserva grandes casas de madera de vastísimos tejados a dos aguas con amplias balconadas, que parecen sacados de un anuncio de queso. Simplemente para venir a relajarse, a pasear y tomarse un chocolate caliente en invierno o una cerveza helada en verano. Para los más comilones un schnitzel del tamaño de una vaca como los que preparan en Ferienhotel Helmer.

 

IGLESIA DE WIES

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A 25 kilómetros al norte de Fussen, pasado Steingaden y desviándonos por una carretera estrecha, llegamos a una iglesia que por fuera parece modesta pero cuando se visita su interior uno comprende rápidamente por qué fue declarada Patrimonio de la Humanidad UNESCO (uno de los 39 sitios que tiene Alemania). Es el estilo rococó más delicado en un templo cristiano considerado uno de los grandes centros de peregrinaje de todo el país.

Los hermanos Zimmermann, Dominikus y Johann, entre los años 1745 y 1754, llevaron a cabo un trabajo refinado en el barroco más avanzado de la época, el rococó. La iglesia de Wies, el lugar en el que unos pastores vieron llorar a la estatua del Cristo flagelado, es todo encantamiento, una alucinación que recrea el mismo cielo. Y en mitad de los pastos, apartada de cualquier otra construcción. Solitaria y maravillosa, es una de las mayores sorpresas que nos llevamos los viajeros que nos animamos a recorrer Baviera.

 

OBERAMMERGAU

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Uno de los pueblos más interesantes de la Alta Baviera es Oberammergau. Tiene tan sólo 5000 habitantes pero sus casas pintadas con la técnica Lüftlmalerei son parte de lo que parece un museo al aire libre con cuentos infantiles como protagonistas. Y es que muchos de los muros pintados con este estilo decorativo corresponden a narraciones por todos conocidas. 

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Por ejemplo está la casa de la Caperucita y el lobo, o incluso la de de Hänsel y Gretel. Como si de un cómic se tratara, muestran las escenas esenciales de estas historias.

Oberammergau es precioso, y satisface tanto a mayores como a pequeños que ven en las paredes ese mundo de fantasía de los cuentos de toda la vida que han escuchado para irse a dormir. Mientras tanto nos acercamos cada vez más a las cumbres alpinas que añaden majestuosidad al telón de fondo bávaro.

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PALACIO DE LINDERHOF

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Si seguimos avanzando en nuestro recorrido llegamos a otra de las obras de nuestro rey loco preferido, Luis II de Baviera. Además de Neuschwanstein y la redecoración de Hohenschwangau el monarca quiso tener su pequeño Versalles. Para ello construyó Linderhof en el que fuera el coto de caza de su padre, un lugar en el que volver a vivir el palacio versallesco en su máximo expresión, con referencias constantes a Luis XIV Rey Sol o a la mismísima Maria Antonieta.

Su fachada corresponde al estilo barroco lindando ya con el rococó, aunque para recargado el interior. Con una salón de espejos más que versallesco, pasadizos e incluso una mesa mágica que bajaba a la cocina y volvía a subir al salón (Luis II odiaba a las personas y no quería ver ni a sus sirvientes). Lo más propio del absolutismo con el lema de Luis XVI NEC PLURIBUS IMPAR, que viene a significar algo así como “Por encima de todos”. Ese es el resumen del ideario político de un rey muy criticado en su momento por tan anacrónicos pensamientos.

Los jardines de Linderhof dan para mucho, con pabellones que uno creería inviables en Baviera como una pabellón de té árabe desde el que se suele ver caer la nieve. Sin duda éste es uno de los imprescindibles de la “Ruta de la locura” en que nos hemos embarcado.
 

 

ABADÍA DE ETTAL

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Seguimos bajando y acercándonos cada vez más a los Alpes. A 13 kilómetros tanto de Linderhof como de Oberammergau, hallamos uno de los monasterios con mayor encanto del Estado de Baviera. La abadía benedictina de Ettal es otra de esas joyas del rococó en Europa y su gruesa cúpula es tan sólo uno de los avisos que recibimos los conductores que pasamos con el coche por delante y nos preguntamos de qué lugar se trata. La curiosidad nos lleva a entrar y admirar un interior algo semejante al de la iglesia de Wies con un cielo cristiano idealizado sobre nuestras cabezas. Los órganos son igualmente espléndidos.



 

GARMISCH - PARTENKIRCHEN

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Dos pueblos unidos en mitad de los Alpes y que todos hemos visto por televisión no una sino en muchas ocasiones. Y es que en Garmish – Partenkirchen se celebra cada 1 de enero el Campeonato Mundial de Saltos de esquí. El mismo con el que muchos nos levantamos el primer día del año. Es otro tipo de locura, la locura del deporte, en el paraíso de la nieve de territorio bávaro ya mecido por las danzas tirolesas (Austria queda a un paso).

 

 

 

Bien se puede retornar a Fussen para seguir descubriendo la zona, perseguir otra ruta, la romántica hasta Würzburg. O dedicarle el tiempo que se merece a Munich. Eso lo dejamos a gusto del viajero. Ya con toda esta ruta nos habremos vuelto completamente locos… por Baviera.

 

 

 

Sele en Bam

José Miguel Redondo (Sele), Ha viajado a más de 80 países del mundo y lleva 8 años contándolo en el blog www.elrincondesele.com. En él narra sus experiencias y ofrece consejos prácticos a otros viajeros independientes como él.
Experto en viajes HomeAway


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