Escapada a la montaña leonesa - Visita Reyero y sus alrededores

por Jesús de la Fuente, HomeAway España

 


Los que somos de Madrid, cuando tenemos que planear algún viaje o vacaciones, en muchos casos, no solemos tener un sitio fijo al que acudir, y cada año buscan un sitio nuevo y cada vez más alejado al que viajar. En mi caso, por suerte, no es así, ya que mi abuelo, aunque residió en Madrid prácticamente toda su vida, nació en un pueblecito perdido de la montaña leonesa, Primajas, y cuando pudo, construyó una casa en el valle que le vio nacer para que sus hijos, y posteriormente sus nietos disfrutáramos de la vida de pueblo, aunque sólo fuese en verano. Ese pueblo, y del que os voy a hablar, tiene un nombre un tanto singular “Reyero”.

Cuenta la leyenda que el nombre del pueblo se remonta a la época de los Reyes Astures, cuando Alfonso I el Católico, en el año 739, tras enterarse de la muerte del rey Favila por el ataque de un oso, desmontó su caballo, se postró en el suelo y pronunció “Rey Ero”, autoproclamándose Rey Astur.

Pues bien, cada vez que puedo voy allí a descansar y disfrutar del paisaje. 

Paisaje de la montaña leonesa

No perdamos más tiempo, pongámonos en marcha que el viaje puede hacerse largo. Salimos de Madrid por la A-6, y tras casi dos horas de viaje y nos desviamos en la salida 216 dirección Toro – Villardefrades por la carretera Nacional N-601. Si de verdad os gusta conducir, esta carretera de doble sentido pero muy bien asfaltada es un verdadero placer para disfrutar de la conducción y, si tenéis ganas, parar por algunos pueblos para conocer sus castillos e iglesias: Villabrágima, Villardefrades o Medina del Campo.

Este último pueblo es casi parada obligatoria, más si nos fijamos en los escaparates de las panaderías pegadas a la carretera que lucen hogazas y panes candeales que sólo con verlos te dan ganas de hincarle el diente…

Tras una pausa, seguimos por la N-601 hasta Puente de Villarente, donde tendremos que girar a la derecha en el cruce con la carretera LE-331 dirección Boñar. Esta carretera es un poco más estrecha que la anterior y, a partir de Lugán notaremos que la carretera empieza a elevarse ligeramente y ¡cuidado con los que se marean que empiezan las curvas!

Salvado este primer escollo llegaremos a Boñar, pueblo que, según un dicho de la zona, nada tiene que envidiar a la capital de la provincia, ya que “dos cosas tiene Boñar que no tiene León, el maragato en la torre y en la plaza el Negrillón”.

Boñar, en LeónPara aquellos que no lo sepáis, “maragato” era la manera que tenían de denominar a los pobladores de la zona de León, que vestían con la prenda que da origen a su nombre, las maragas; y “Negrillón” es un árbol de la familia del Olmo, que en sus mejores momentos, antes de ser infectado por un parásito denominado grafosis, daba buena sombra en la plaza, ya que ni siquiera 8 hombres agarrándose las manos eran capaces de rodear el tronco del árbol. Para no perder el emblema del pueblo, optaron por podarlo y rellenarlo de hormigón para conservar este emblema.

 

Nicanores de BoñarOtros podréis reconocer el nombre del pueblo por sus famosos hojaldres, los “Nicanores de Boñar”, un postre típico elaborado con hojaldre y azúcar glas, ideal para acompañar el café de la sobremesa.

 

Sin embargo, la oferta gastronómica de este pueblo de apenas 2.000 habitantes no acaba aquí: a la entrada del pueblo, antes de pasar por debajo de las vías del ferrocarril, se encuentra una de las mejores fábricas de embutidos de la zona, Embutidos El Negrillón, con una amplia variedad de embutidos típicos de la zona elaborados de manera artesanal: cecinas, chorizos, jamones y un largo etcétera, todos ellos curados al humo. Si paráis, tened paciencia, ya que siempre hay cola para comprar, por algo será…

 

No seáis remolones, hay que ponerse otra vez en marcha, que sólo quedan 25 kilómetros hasta nuestro destino. Os recomendaría, si vais un poco justos de gasolina que aprovechéis a repostar en Boñar, ya que es la última gasolinera que nos encontraremos hasta nuestro destino, Reyero.

Saliendo de Boñar, y siguiendo por la carretera al borde del río Porma, fantástico para aquellos aventureros que deseen iniciarse en el rafting, nos encontramos con el embalse que da nombre al río: el Embalse del Porma y un desnivel aproximado de 400 metros que tendremos que salvar curva a curva hasta llegar a nuestro destino. Eso sí, el paisaje que podemos encontrar entre las curvas puede llegar a sorprender y maravillar.

Embalse del Porma

Tras 20 kilómetros rodeando el pantano, debemos coger, en el primer cruce de caminos la carretera que hay, el Cruce de Arianes, en la que podemos ver una desviación que indica el nombre de los cuatro pueblos que hay en ese valle: Pallide, Reyero, Viego y Primajas, cuya población total en invierno en los cuatro pueblos apena supera el medio centenar de aldeanos.

Aunque por esa carretara apenas caben dos coches, el paisaje que le rodea no deja de sorprendernos. La carretera se va abriendo camino entre los prados a medida que pasas con el coche, y en menos de 2 kilómetros desde el cruce nos encontramos con el primer pueblo del valle: Pallide, y dos kilómetros después, con nuestro destino: Reyero. Más arriba dejamos otros dos pueblos: Viego y Primajas.Paisaje de la Montaña de León

Llegados a nuestro destino, y después de haber descargado el coche, podemos pasar el rato de múltiples maneras: paseos en bicicleta, rutas de senderismo, desconectar el móvil porque sólo una compañía telefónica ofrece cobertura para llamar y recibir SMS los días que no hay lluvia o tormenta… Ya que mientras que en el resto de España se anuncia el 4G, allí los smartphones apenas pueden disfrutar de su tarifa de datos. Venir hasta aquí te ayuda a desconectar, casi de manera literal…

 

Una buena época para venir puede ser cualquiera; cada una tiene su encanto: en invierno, si quieres ver el paisaje nevado y disfrutar del esquí, ya que está a unos 30 km de la estación de esquí de San Isidro; en verano, para pasar calor por la mañana y dormir abrazado a una manta por la noche.

reyero6.jpg

Además, en verano son las fiestas locales y se pueden conocer unas fiestas un tanto atípicas para los urbanitas: Es habitual contratar para los días de la fiesta a una discoteca móvil para poner música en la plaza del pueblo, acompañando la velada con los mejores gintonics y cubatas de primeras marcas. Aunque, sin duda, el mejor día de estas fiestas, que se concentran entre los días 14, 15 y 16 de agosto, puede ser el último, en el que se realiza la “Diana”, donde los mozos del pueblo, y los no tan mozos, acuden puerta por puerta a todas las casas pidiendo el aguinaldo para pagar las fiestas y, para celebrarlo, en cada casa se suele sacar una botella de vino y algo para acompañar el trago. Pocas personas son capaces de beber y comer en todas las casas, y yo no os retaría a hacerlo… Eso sí, al final todos los que acaben la Diana, acaban en el pilón más próximo.

 

Os he contado mi viaje ideal. Si os ha gustado os animo a que conozcáis la zona a aquellos que no la conocen y a votar a mi favor ;) 

 

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