El tren de Artouste
La Cordillera Pirenaica cuenta sus leyendas desde cualquier rincón. Y también narra sus epopeyas. Dioses, semi dioses y héroes. Desde Pyrene a Roldán a los modernos héroes. Como los hombres que construyeron la vía férrea que hoy podemos disfrutar como viajeros del “cielo” a 2.000 metros de altitud.
Esta es la historia del pequeño tren de Artouste. En 1924, la Compañía de los ferrocarriles del Sur, decidió construir esta línea férrea para poder abastecer las obras del la presa de Artouste. Material, combustible, víveres y obreros, fueron transportados durante los ocho años que duró su construcción desde la estación de La Sagette, a la que había que acceder en teleférico, hasta el que sería el lago de Artouste que abastece el valle de Ossau.
Un pequeño tren de vía estrecha que parece de juguete en su recorrido por estas altas montañas, a dos mil metros de altitud, rozando las nubes. Solamente otros dos trenes en Europa circulan a mayor altura: el Tramway du Montblanc, también en Francia, a 2.380 metros, y en Suiza el Jungfraujoch que alcanza los 3.454 metros.
Desde el Alto Gállego, esta excursión es un reto para los más intrépidos, pues aunque es cómoda y no excesivamente larga y tomar el teleférico no es particularmente algo fuera de lo común, circular por los estrechos senderos por donde corren las vías, causa cierta impresión. Aunque esto pasa a segundo plano si uno se olvida del tremendo precipicio de cientos de metros en vertical y se deja capturar por el panorama. Nada tan bello como este pequeño viaje en un tren que hace ya más de 75 años constituye el disfrute de cuantos se animan a subir en él. Marmotas, sarrios, quebrantahuesos, flores salvajes, fauna y flora que solamente puede verse en las laderas de estas alturas, Y fotografías. Un documento de un viaje apasionante que puede cubrirse en pocas horas ida y vuelta pero deja un recuerdo imperecedero y fascinante.
Al llegar al otro lado de la frontera, el lago o embalse ocupa un entorno de gran belleza, y varias excursiones de corto recorrido pueden hacerse a partir de este punto. El sendero que lleva al Ibón, se camina en apenas 20 minutos; de cualquier forma es conveniente saber que el desnivel es significativo y acordarse de que luego hay que volver a subir.
El paisaje es sencillamente magnífico y las altas cumbres de la zona son un espléndido telón de fondo para un día memorable.
Esta es la historia del pequeño tren de Artouste. En 1924, la Compañía de los ferrocarriles del Sur, decidió construir esta línea férrea para poder abastecer las obras del la presa de Artouste. Material, combustible, víveres y obreros, fueron transportados durante los ocho años que duró su construcción desde la estación de La Sagette, a la que había que acceder en teleférico, hasta el que sería el lago de Artouste que abastece el valle de Ossau.
Un pequeño tren de vía estrecha que parece de juguete en su recorrido por estas altas montañas, a dos mil metros de altitud, rozando las nubes. Solamente otros dos trenes en Europa circulan a mayor altura: el Tramway du Montblanc, también en Francia, a 2.380 metros, y en Suiza el Jungfraujoch que alcanza los 3.454 metros.
Desde el Alto Gállego, esta excursión es un reto para los más intrépidos, pues aunque es cómoda y no excesivamente larga y tomar el teleférico no es particularmente algo fuera de lo común, circular por los estrechos senderos por donde corren las vías, causa cierta impresión. Aunque esto pasa a segundo plano si uno se olvida del tremendo precipicio de cientos de metros en vertical y se deja capturar por el panorama. Nada tan bello como este pequeño viaje en un tren que hace ya más de 75 años constituye el disfrute de cuantos se animan a subir en él. Marmotas, sarrios, quebrantahuesos, flores salvajes, fauna y flora que solamente puede verse en las laderas de estas alturas, Y fotografías. Un documento de un viaje apasionante que puede cubrirse en pocas horas ida y vuelta pero deja un recuerdo imperecedero y fascinante.
Al llegar al otro lado de la frontera, el lago o embalse ocupa un entorno de gran belleza, y varias excursiones de corto recorrido pueden hacerse a partir de este punto. El sendero que lleva al Ibón, se camina en apenas 20 minutos; de cualquier forma es conveniente saber que el desnivel es significativo y acordarse de que luego hay que volver a subir.
El paisaje es sencillamente magnífico y las altas cumbres de la zona son un espléndido telón de fondo para un día memorable.